Port Moresby, PAPÚA NUEVA GUINEA (Agencia Fides, 13/07/2020) - “Desde el cierre decretado por la
pandemia de coronavirus en marzo, hasta la reapertura de los vuelos a
Filipinas, nos mantuvimos aislados junto con otros hermanos salesianos
que, a su vez, se fueron a las comisiones comunitarias”, escribe a Fides
el padre Conrad Vamilat, Sdb. “Se suspendieron las clases, las
ceremonias en la iglesia y las reuniones. Junto al hermano Pio Ehava,
logramos salir del país el 21 de junio con un vuelo chárter enviado por
el gobierno de Papúa Nueva Guinea. A nuestra llegada al aeropuerto
internacional de Port Moresby, se nos puso en cuarentena de 14 días a
todos los pasajeros procedentes de Filipinas. Los gastos de alojamiento y
manuteción corrieron a cargo del gobierno”.
“La cuarentena nos hizo reflexionar sobre la importancia de la vida.
Ningún hombre puede vivir como una isla, aunque en esta situación de
aislamiento tuvimos que hacer un esfuerzo por estar solos. En estas dos
semanas pudimos resolver algunos asuntos personales. Como seres humanos:
tenemos tres instintos inalienables fundamentales que son la vida, el
amor y la fuerza”, resume el padre Vamilat.
El sacerdote continúa: “Como no existe una vacuna para la enfermedad por
COVID-19, nuestros instintos naturales nos empujan a preservar la vida.
De hecho, como seres humanos, todos tendemos a la vida y no a la
destrucción o la muerte. Quisiéramos que la vida continuara
imperturbable y nunca como en este período el mundo se ha volcado en
esta lucha a través de las medidas de seguridad proporcionadas por los
gobiernos individuales y la OMS”.
El salesiano concluye insistiendo en que “la cuarentena no fue una
pérdida de tiempo y dinero”, y agradeció al gobierno su labor. “Sobre
todo, agradecemos a Dios que nos preservó del coronavirus”.