CIUDAD DEL VATICANO (Agencia Fides, 09/07/2020) - En muchas diócesis de territorios de misión, las graves consecuencias de
la pandemia de Covid-19, de naturaleza sanitaria, social y económica,
se han sumado a situaciones ya dramáticas, como en el caso de las
diócesis nigerianas, que han solicitado ayuda del Fondo de Emergencia
establecido por el Papa FRANCISCO en las Obras Misionales Pontificias
(OMP) para apoyar a las Iglesias de los países en tierras de misión ante
la emergencia Covid-19.
En la Arquidiócesis de Kaduna, el grave impacto de Covid-19 ha aumentado
el sufrimiento de la población que ya está muy afectada por los ataques
terroristas a las comunidades cristianas que han provocado muertos,
heridos y numerosos desplazados internos, así como un clima general de
miedo. Los niños pobres y vulnerables son los que más sufren, buscan
refugio en las parroquias, pero los sacerdotes no tienen los medios
materiales para sostenerlos, ya que sin las celebraciones eucarísticas
ni siquiera pueden recolectar las ofrendas para su sustento diario. La
ayuda enviada por el Fondo OMP servirá para sustentar a los trabajadores
pastorales y al personal empleado en las parroquias, así como a comprar
los kits de protección sanitarios necesarios para hacer frente a la
pandemia. De hecho, en el último mes ha habido un aumento de contagios
ya que muchos en la región rechazan el confinamiento y el cumplimiento
de las normas de prevención, debido a la alta tasa de
analfabetismo.
La diócesis de Maiduguri en los últimos años también ha sufrido graves
daños por los ataques de grupos terroristas en Boko Haram que
destruyeron alrededor de 300 iglesias y centros pastorales, centros de
salud y escuelas, dejando muertos y heridos a su paso, además de causar
numerosos desplazados. Hay una gran cantidad de viudas, huérfanos y
desplazados internos, de los cuales se ocupa la diócesis, que ahora se
encuentra a dificultades aún mayores causadas por la pandemia. Por lo
tanto, se necesita ayuda para el personal diocesano, el personal médico,
los sacerdotes que ayudan a las comunidades en las áreas más remotas y
para la compra de material de protección sanitario.
La diócesis de Osogbo, una diócesis rural joven creada en 1995,
normalmente obtiene los principales medios de sustento para sus
actividades y para los trabajadores pastorales, de las colectas durante
las misas dominicales y de otras ofrendas que provienen de la
generosidad de los fieles. El aislamiento ha cerrado las iglesias y ha
detenido las actividades pastorales, por lo que la diócesis ha tratado
de reducir o eliminar los gastos, pero a pesar de esto necesita ayuda
externa para garantizar un apoyo mínimo a los trabajadores pastorales y a
las comunidades religiosas.
La diócesis de Ilorin también cubre un área rural, en su mayoría
musulmana, donde los católicos son solo el 4%, casi todos campesinos,
agricultores, pequeños comerciantes, con un bajo nivel de educación o
incluso analfabetos. Por lo tanto, es extremadamente difícil, con las
consecuencias del aislamiento, garantizar el apoyo a los trabajadores
pastorales, que se dedican generosamente a ayudar y proclamar el
Evangelio.
Los fieles de la Arquidiócesis de Freetown, en Sierra Leona, como los de
todas las regiones en las que se ha decretado el cierre de las
iglesias, en los últimos tiempos solo han podido participar en la misa a
través de las retransmisiones de radio e Internet. De esta manera, los
cristianos que no han podido reunirse tampoco han podido proporcionar
apoyo a sus sacerdotes, religiosos y catequistas dedicados a la
promoción humana y la proclamación del Evangelio. En particular,
necesitan apoyo para las escuelas administradas por la Iglesia, que
llevan a cabo un importante trabajo de formación y educación para las
generaciones más jóvenes.
En América Latina también hay circunscripciones eclesiásticas confiadas
al Dicasterio Misionero donde la Iglesia aún no está lo suficientemente
desarrollada debido a las situaciones sociales y económicas locales. En
particular, el Fondo de Emergencia de las OMP ha enviado ayuda al
Vicariato Apostólico de Puyo, Ecuador, que se utilizará para sostener el
servicio sanitario para la población amazónica, y al Vicariato
Apostólico de Beni, Bolivia, una de las áreas más afectadas por el
coronavirus. La población sufre no solo del peligro constante de
enfermarse sino también por la falta de recursos económicos. La Iglesia
distribuye alimentos y medicinas a las familias más necesitadas,
compartiendo un momento de oración con ellos, siempre en el respeto de
las normas de seguridad sanitaria.