Dhaka, BANGLADESH (Agencia Fides, 10/07/2020) - “Podemos tomar medidas preventivas y volver a la
iglesia. La Santa Misa y la Eucaristía son la mejor manera de unirse
con Jesucristo. Seguir una misa en línea no tiene el mismo efecto que
puede dar la Santa Misa con la participación física en la liturgia. Para
los enfermos y para los impedidos físicos, la misa en línea es
perfecta; pero ahora el pueblo de Dios puede y debe participar en la
Eucaristía en presencia, en la iglesia”: así lo ha declarado el cardenal
Patrick D'Rozario, arzobispo de Dhaka y presidente de la Conferencia
Episcopal Católica de Bangladesh (CBCB), dirigiéndose a los fieles e
invitándolos a superar el miedo al coronavirus. Después de un período de
encierro, los fieles están autorizados, en cumplimiento de las medidas
de distanciamiento y protección, a participar en reuniones religiosas.
Sin embargo, según la información recibida en la Agencia Fides desde la
Iglesia local, menos del 20% de los católicos
asisten a la misa dominical por temor a la infección por coronavirus.
El cardenal Patrick ha invitado a los fieles a seguir las pautas dadas
por las autoridades civiles para contener el coronavirus, “para proteger
nuestras vidas y las de los demás”, instando a todos a avanzar en la
vida y actividad cotidiana, respetando las medidas necesarias. Pero
también ha advertido: “Para mantener el distanciamiento social, nos
estamos alejando de las relaciones humanas, y esto no es bueno”.
El Cardenal ha citado el pasaje del Evangelio en el que Jesús dice:
“Vengan a mí todos los que están fatigados y oprimidos, y les daré
descanso”, y ha recordado que “Jesucristo nos consuela mientras vivimos
la crisis del coronavirus”.
El Arzobispo también ha dicho que “el ser humano se ha dado cuenta de lo
débil e indefenso que está durante la pandemia de coronavirus”:
“Estamos indefensos. Nos hemos dado cuenta de que nos hemos dejado
llevar por la frustración y la desesperación en este período. En este
momento difícil, hemos escuchado del Evangelio en que Cristo Jesús nos
invita a ir a Él en busca de un refrigerio. Entonces sigamos su camino”.
El cardenal ha elogiado el hecho de que, durante la pandemia, “cada
casa se convirtió en un lugar de culto. Los miembros de las familias
cristianas practicaron la gracia, la misericordia, el amor y el perdón
de Dios. También gracias a la oración, muchas personas enfermas se han
recuperado en casa y en el hospital. En los momentos más difíciles,
hemos recibido la bendición de Dios. Por ello podemos decir: alabado sea
Dios”.