SINGAPUR (Agencia Fides, 10/07/2020) - Hoy, 10 de julio, en Singapur, se abren las
urnas para elegir a los parlamentarios de la decimocuarta legislatura
desde que la "Ciudad del León" es un estado independiente (1965). Con un
sistema parlamentario unicameral, once partidos en Singapur compiten
por los 93 escaños en juego en la Cámara, atribuidos con el sistema del
“first past the post” un mecanismo que favorece a aquellos que obtienen
el mayor número de votos en las circunscripciones. Hay 192 candidatos y
para votar se deben tener 21 años. Los miembros de las listas son 2,65
millones de ciudadanos, de casi 6 millones de habitantes de una sociedad
altamente multiétnica.
La victoria del actual primer ministro Lee Hsien Loong y de su Partido
People's Action Party (Partido de Acción Popular, PAP) se da por
sentado, como sucede desde hace 15 elecciones hasta ahora, aunque en las
últimas elecciones, los partidos de oposición ganaron terreno. No fue
suficiente para obstaculizar la larga gestión del PAP, gobernado
esencialmente por la familia de Lee Kuan Yew, padre del primer ministro
Lee Hsien Loong. En cambio, su hermano menor, Lee Hsien Yang, se
encuentra en las filas del partido opositor, el “Progress Singapore
Party”.
Solo por un período, la ciudad-estado no fue gobernada por un Lee:
cuando Goh Chok Tong fue primer ministro, desde noviembre de 1990 a
agosto de 2004. Luego fue el turno de Lee Hsien Loong. Sus logros están
fuera de toda duda: economía, finanzas, riqueza, innovación tecnológica e
incluso importancia política. Entre los observadores, la gestión
“dinástica” de la política en Singapur siempre ha planteado objeciones
precisamente por la falta de cambio y por una vocación autoritaria que
nunca ha sido negada. Según los analistas, para la oposición aún no ha
llegado el momento favorable, de hecho, el Covid-19 parece haber ayudado
al gobierno por su capacidad para gobernar la pandemia.
Por lo tanto, la oposición no ha podido formar una coalición que pueda
desafiar al PAP. El mayor partido de oposición, el “Partido de los
Trabajadores” (Workers Party WP), de inspiración socialdemócrata,
tratará de mantener sus 9 escaños parlamentarios (frente a los 82 del
PAP) centrándose en los jóvenes, el bienestar social y los migrantes.
Pero no en el sentido en que uno esperaría de un partido
socialdemócrata: el WP, de hecho, quiere limitar el número de
inmigrantes en la ciudad-estado que, según la tesis del partido,
disminuiría los privilegios de los residentes. La crisis estalló
precisamente debido al Covid-19: encerrados en una especie de
“dormitorio gueto”, un brote de coronavirus entre los aproximadamente
300.000 trabajadores migrantes ha puesto en peligro toda la gestión de
la pandemia. La ciudad-estado emplea a casi un millón y medio de
trabajadores migrantes, y los positivos de Covid sumaron 25.000 en
abril. Pero la solución propuesta por el WP
no es practicable en un país que ha hecho fortuna gracias al trabajo de
los inmigrantes, a quienes Singapur debe gran parte de su éxito.
Entre los migrantes, hay muchos católicos (llegados desde Filipinas y
otros países asiáticos) que trabajan como colaboradores domésticos, a
quienes la Iglesia Católica de Singapur dedica atención y cuidado
pastoral. Algunos de ellos participan en movimientos eclesiales como
“Couples for Christ”, Singapur o en la iniciativa pastoral “Abundant and
Better Life Abroad” (Vida abundante y mejor en el extranjero), cuyo
objetivo es permitir a los extranjeros llevar una vida próspera y feliz,
aunque lejos de su tierra natal.