Bagan, MYANMAR (Agencia Fides, 09/07/2020) - En la pequeña ciudad de Nyaung U, en las llanuras
centrales de Myanmar, la distribución de alimentos es un hecho
ocasional. Un camión cargado de repollos gigantes se detiene en el
vecindario y distribuye un repollo por familia. Pero es algo esporádico:
la temida escasez de alimentos y un aumento exagerado de la pobreza, en
esta zona, es una realidad que no se percibe. Desde hace casi un mes,
las actividades comerciales se han reanudado, el mercado, que se había
trasladado a un área periférica al aire libre, ha vuelto a su lugar y la
ciudad se ha despertado lentamente. Pero Nyaung U es un lugar especial:
es el lugar de referencia de Bagan, el lugar más importante para los
budistas birmanos, el destino de una peregrinación continua a los más de
tres mil monasterios, pagodas, bibliotecas que datan de hace diez
siglos y que son patrimonio de la Unesco. Así, junto a las letanías de
los fieles en oración, las filas de monjes con túnicas moradas, los
cientos de peregrinos que abarrotan las pagodas, un número cada vez
mayor de turistas vienen aquí, en el distrito de Mandalay, todos los
años desde Europa, Estados Unidos, pero también desde Japón o Corea sin
mencionar a los chinos que, desde hace algunos años, se han convertido
en los favoritos del turismo asiático. Aquí los tres meses de encierro
han dejado poca marca y algunos peregrinos comienzan a aparecer
nuevamente, pero la situación es muy diferente en los alrededores.
En la sede de Cesvi, una ONG de la ciudad italiana de Bérgamo que
trabaja en el área agrícola, tristemente famosa como “zona seca”, debido
a la extrema sequedad del área - se explica que este año el monzón
llega tarde y que la primera siembra de maní, sésamo y frijoles en
muchos casos no ha arraigado: “Las mejores semillas - explica el gerente
del proyecto Andrea Ricci a Fides -, se han perdido en gran medida” y
ahora la ONG de Bérgamo, con el apoyo de la Agencia Italiana para
Cooperación (Aics) está trabajando en un fondo de garantía bancaria para
permitir que cualquier persona, incluso aquellos que no tienen títulos
de propiedad, tengan al menos un pequeño crédito y reinicien el trabajo
agrícola.
La industria también sufre: según datos oficiales, al menos 250 mil
birmanos han perdido sus empleos debido al virus, 110 mil de los cuales,
en Tailandia o China, que absorbe una gran parte de la mano de obra
birmana – también la que no está regulada -, en el extranjero, que
asciende a más de 3 millones de migrantes. Según el Banco Mundial, el
crecimiento económico de Myanmar podría caer del 6,8% al 0,5% debido al
Covid y, en junio, más de 350.000 personas recibieron asistencia del
Programa de Alimentos de la ONU, una cifra relacionada en parte con la
masa de personas desplazadas en los estados de Rakhine y Chin, pero
también a personas en dificultades, incluidos más de 30.000 trabajadores
migrantes que han regresadn al país por la emergencia de Covid.
Si las existencias, los programas gubernamentales y la asistencia
humanitaria han amortiguado parcialmente la emergencia del virus, muchos
birmanos siguen en dificultade deido a problemas arcaicos. El último
episodio terrible - una avalancha de lodo que enterró a más de 170
mineros en Kachin -, habla de plagas bíblicas: sequías, langostas o
inundaciones, pero también el uso indiscriminado del territorio y las
violaciones continuas de las reglas en el trabajo. La situación de los
niños es particularmente grave: aunque Yangon aprobó una ley sobre los
derechos del niño y ratificó el Protocolo Facultativo de la Convención
sobre los Derechos del Niño con respecto a su participación en un
conflicto armado, las Naciones Unidas han verificado 432 violaciones
graves contra 420 niños, como acaba de dar a conocer el secretario
general de la ONU, Antonio Guterres, en su informe anual. En Myanmar, la
guerra en los estados de Rakhine y Chin es la condición de vida de
miles de
menores y la ONU ha verificado el uso de 50 niños entre 12 y 17 años en
grupos rebeldes armados. Pero el reclutamiento de menores también se da
en el ejército regular (Tatmadaw) con el uso de al menos 197 niños para
mantenimiento o logística en campamentos militares. Por último, la ONU
ha verificado el asesinato de 41 menores y la mutilación de otros 120
(aproximadamente la mitad de ellos son mujeres): se trata de víctimas
verificadas en los estados de Rakhine (95), Shan (50), Kachin (8), Kayin
(4), Kayah y Chin (1 en cada una), y en las regiones de Mandalay y
Magway (1 en cada una). Son las pequeñas víctimas de la guerra, la
mayoría de las muertes son víctimas de fuego cruzado, minas antipersona,
disparos y bombardeos de artillería.