CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 4 de mayo de 2018).- A las 10.30 horas, en el Aula Pablo VI, el Santo Padre FRANCISCO recibió en Audiencia a los participantes en el Congreso Internacional "Consecratio et Consecratio per evangelica consilia. Reflexiones, preguntas abiertas, caminos posibles ", promovido por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, que tiene lugar en la Universidad Pontificia Antonianum de Roma del 3 al 6 de mayo.




Texto del discurso que el Papa dirigió a los presentes en el encuentro:
DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES AL CONGRESO INTERNACIONAL PROMOVIDO POR LA CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA
A LOS PARTICIPANTES AL CONGRESO INTERNACIONAL PROMOVIDO POR LA CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA
Aula Paulo VI
Viernes, 4 de mayo de 2018
Viernes, 4 de mayo de 2018
¡Buenos días a todos!
Había pensado en pronunciar un discurso, bien hecho, agradable... Pero
luego se me ocurrió improvisar, decir las cosas adecuadas para este
momento.
La clave de lo que voy a decir es lo que pidió el Cardenal [el
Prefecto de la Congregación]: un criterio auténtico para discernir lo
que está sucediendo. Porque de verdad, hoy pasan tantas cosas que, para
no perdernos en este mundo, en la niebla de lo mundano, en las
provocaciones, en el espíritu de guerra, en tantas cosas, necesitamos
criterios auténticos que nos guíen. Que nos guíen en el discernimiento.
Después, hay otra cosa: ¡Que este Espíritu Santo es una calamidad [ríe,
ríen], porque nunca se cansa de ser creativo! Ahora, con las nuevas
formas de vida consagrada, es realmente creativo, con los carismas... Es
interesante: es el autor de la diversidad, pero al mismo tiempo el
Creador de la unidad. Este es el Espíritu Santo Y con esta diversidad de
carismas y tantas cosas, Él hace la unidad del Cuerpo de Cristo y
también la unidad de la vida consagrada. Y esto también es un desafío.
Me he preguntado: ¿Cuáles son las cosas que el Espíritu quiere que se
mantengan fuertes en la vida consagrada? Y el pensamiento volaba, se
iba, volvía..., y a mí siempre me volvía [a la mente] el día que fui a
San Giovanni Rotondo: No sé por qué, pero vi que había muchos hombres y
mujeres consagrados que trabajan... y pensé en lo que dije allí, en las
"tres p" que dije allí. Y me dije a mí mismo: Estas son columnas que
permanecen, que son permanentes en la vida consagrada. La plegaria, la pobreza y la paciencia. Y decidí hablaros de esto: Lo que pienso que sea la plegaria en la vida consagrada, y luego la pobreza y la paciencia.
La plegaria es volver siempre a la primera llamada. Cualquier
plegaria, tal vez una plegaria en caso de necesidad, pero siempre es
regresar a esa Persona que me ha llamado. La plegaria de un consagrado,
de una consagrada, es regresar al Señor que me ha invitado a estar cerca
de él. Regresar a Aquel que me miró a los ojos y me dijo: "Ven. Deje
todo y ven"- "Pero, yo quisiera dejar la mitad..."(de esto hablaremos a
propósito de la pobreza) - "No, ven. Deja todo. Ven". Y la alegría en
ese momento de dejar lo tanto o lo poco que teníamos. Todo el mundo sabe
lo que ha dejado atrás: dejar a su madre, a su padre, a su familia, a
su carrera... Es cierto que alguien busca la carrera "dentro", y eso no
es bueno. En aquel momento, encontrar al Señor que me ha llamado para
seguirlo de cerca. Cada plegaria es volver a aquello. Y la plegaria es
lo que me hace trabajar para ese Señor, no para mis intereses o para la
institución en la que trabajo, no: Para el Señor. Hay una palabra que se
usa mucho, se ha usado demasiado y ha perdido un poco de fuerza, pero
indicaba bien esto: radicalidad. No me gusta usarla porque se ha
usado demasiado, pero es esto: Lo dejo todo por ti. Es la sonrisa de los
primeros pasos... Después llegaron los problemas, tantos problemas que
todos hemos tenido, pero siempre se trata de volver al encuentro con el
Señor. Y la plegaria, en la vida consagrada, es el aire que nos hace
respirar esa llamada, renovar esa llamada. Sin ese aire no podríamos ser
buenos consagrados. Quizás seremos buenas personas, cristianos,
católicos que trabajan en tantas obras de la Iglesia, pero tú tienes
que renovar continuamente la consagración allí, en la plegaria, en un
encuentro con el Señor. "Pero estoy ocupado, estoy ocupada, tengo muchas
cosas que hacer...". Esto es más importante. Vete a rezar. Y luego está
esa plegaria que nos mantiene durante el día en presencia del Señor.
Pero, de todos modos, la plegaria. "Pero tengo un trabajo demasiado
arriesgado que me lleva todo el día...". Piensa en una consagrada de
nuestros días: Madre Teresa. La Madre Teresa también iba a "buscar
problemas", porque era como una máquina para buscar problemas, porque se
metía aquí, allí, allí ... Pero las dos horas de oración ante el
Santísimo Sacramento, no se las quitaba nadie. "¡Ah, la gran Madre
Teresa!". Pues haz lo que ella hacía, haz lo mismo. Busca a tu Señor, al
que te llamó. La plegaria. No solo por la mañana... Cada uno tiene que
buscar cómo hacerla, dónde hacerla y cuándo hacerla. Pero hacedla
siempre, rezad. No se puede vivir la vida consagrada, no se puede
discernir lo que está sucediendo sin hablar con el Señor
No quisiera hablar más sobre esto, pero me habéis entendido, creo.
Plegaria. Y la Iglesia necesita hombres y mujeres que recen, en este
momento de gran dolor en la humanidad.
La segunda "p" es la pobreza. En las Constituciones, san Ignacio
nos escribía a nosotros, los jesuitas - pero no era algo original suyo,
creo, tal vez lo había tomado de los Padres del desierto- "La pobreza
es la madre, es el muro de contención de la vida consagrada ". Es
"madre". Interesante: Él no dice la castidad, que quizás esté más
vinculada con la maternidad, con la paternidad, no: La pobreza es la
madre. Sin pobreza no hay fecundidad en la vida consagrada. Y es "muro",
te defiende. Te protege del espíritu de la mundanidad, por supuesto.
Sabemos que el diablo entra por los bolsillos. Todos lo sabemos. Y las
pequeñas tentaciones contra la pobreza son heridas a la pertenencia al
cuerpo de la vida consagrada. La pobreza según las reglas, las
constituciones de cada congregación: No es lo mismo, la pobreza de una
congregación que la de otra. Las reglas dicen: "Nuestra pobreza va de
esta parte", "la nuestra va de esa"; pero siempre existe el espíritu de
pobreza. Y esto no puede negociarse. Sin pobreza nunca podremos
discernir qué está sucediendo en el mundo. Sin el espíritu de pobreza.
"Deja todo, dáselo a los pobres", dijo el Señor a aquel joven. Y aquel
joven somos todos nosotros. "Pero yo no, padre, no tengo tanta
fortuna...". Sí, pero algo, ¡tienes algo a lo que estás apegado! El
Señor te pide eso: Ese será "el Isaac" que debes sacrificar. Desnudo en
el alma, pobre. Y con este espíritu de pobreza, el Señor nos defiende:
¡Él nos defiende! - de tantos problemas y de muchas cosas- que intentan
destruir la vida consagrada.
Hay tres peldaños para pasar de la consagración religiosa a la
mundanidad religiosa. Sí, también religiosa; hay una mundanidad
religiosa; muchos religiosos y consagrados son mundanos. Tres peldaños.
Primero: el dinero, es decir, la falta de pobreza. Segundo: la vanidad,
que va desde el extremo de hacerse un "pavo real" hasta pequeñas cosas
de vanidad. Y tercero: la soberbia, el orgullo. Y a partir de ahí, todos
los vicios. Pero el primer peldaño es el apego a la riqueza, el apego
al dinero. Vigilando ese, los otros no vienen. Y digo a las riquezas, no
solo al dinero. A las riquezas. Para discernir qué está sucediendo,
este espíritu de pobreza es necesario.
Unos deberes para casa son: ¿Cómo está mi pobreza? Mirad en los
cajones, en los cajones de vuestras almas, mirad en la personalidad,
mirad en la Congregación... Mirad cómo va la pobreza. Es el primer
peldaño: Si lo defendemos, los otros no vienen. Es el muro que nos
defiende de los otros, es la madre que nos hace más religiosos y nos
hace poner todas nuestras riquezas en el Señor. Es el muro que nos
defiende de ese desarrollo mundano que tanto daño hace a cada
consagración. La pobreza.
Y tercero, la paciencia. "Pero, padre, ¿qué tiene que ver la
paciencia con esto?" La paciencia es importante No solemos hablar de
ella, pero es muy importante. Mirando a Jesús, la paciencia es la que
tuvo Jesús para llegar al final de su vida. Cuando Jesús, después de la
Cena, va al Jardín de los Olivos, podemos decir que en ese momento de
una manera especial Jesús "entra en paciencia". "Entrar en paciencia":
Es una actitud de cada consagración, que va desde las pequeñas cosas de
la vida comunitaria o de la vida consagrada, que cada uno tiene, en esta
variedad que hace el Espíritu Santo... De las cosas pequeñas, de las
tolerancias pequeñas, desde los pequeños gestos de sonrisa cuando , en
cambio, me gustaría decir palabrotas ... hasta el sacrificio de uno
mismo, de la vida. La paciencia. Ese "llevar sobre los hombros" (hypomoné)
de San Pablo: San Pablo habló de "llevar sobre los hombros", como
virtud cristiana. La paciencia. Sin paciencia, es decir, sin la
capacidad de padecer, sin "entrar en paciencia", una vida consagrada no
puede sostenerse a sí misma, estará a medio hacer. Sin paciencia, por
ejemplo, se entienden las guerras internas de una congregación. Porque
no han tenido la paciencia de soportarse el uno al otro, y gana la parte
más fuerte, no siempre la mejor; e incluso la que pierde tampoco es la
mejor, porque es impaciente. Sin paciencia, comprendemos a los que
quieren hacer carrera en los capítulos generales, ese formar las
"camarillas” antes…por poner dos ejemplos. ¡No sabéis la cantidad de
problemas, guerras internas, disputas que le llegan a Mons. Carballo!
[Secretario de la Congregación]. ¡Pero él es de Galicia, puede
soportarlo! La paciencia. Para soportarse el uno al otro.
Pero no solo la paciencia en la vida comunitaria: paciencia ante los
sufrimientos del mundo. Llevar sobre los hombros los problemas, los
sufrimientos del mundo. "Entrar en paciencia", como Jesús entró en
paciencia para consumar la redención. Este es un punto clave, no solo
para evitar estas peleas internas que son un escándalo, sino para ser
consagrados, para poder discernir. La paciencia.
Y también paciencia frente a los problemas comunes de la vida
consagrada: Pensemos en la escasez de vocaciones. "No sabemos qué hacer,
porque no tenemos vocaciones... Hemos cerrado tres casas...". Esta es
una queja diaria, la habéis escuchado, escuchado con vuestros oídos y
sentido en vuestro corazón. Las vocaciones no llegan. Y cuando no hay
esta paciencia... Lo que voy a decir ahora ha sucedido, sucede: Conozco
al menos dos casos, en un país demasiado secularizado, que conciernen a
dos congregaciones y a dos provincias respectivas. La provincia ha
comenzado ese camino que también es un camino mundano, del "ars bene moriendi",
la actitud para morir bien. ¿Y qué significa esto en esa provincia, en
esas dos provincias de dos congregaciones diferentes? Cerrar la admisión
al noviciado, y nosotros que estamos aquí, envejecemos hasta la muerte.
Y la congregación en ese lugar se ha terminado. Y esto no son cuentos:
Estoy hablando de dos provincias masculinas que han tomado esta
decisión; provincias de dos congregaciones religiosas. Falta paciencia y
terminamos con el "ars bene moriendi". ¿Falta la paciencia y las
vocaciones no vienen? Vendemos y nos agarramos al dinero por cualquier
cosa que pueda suceder en el futuro. Esta es una señal, una señal de que
se está cerca de la muerte: Cuando una congregación comienza a sentir
apego al dinero. No tiene paciencia y cae en la segunda "p", en la falta
de pobreza.
Puedo preguntarme: ¿Esto que ha pasado en esas dos provincias que hicieron la opción del "ars bene moriendi" pasa
en mi corazón? ¿Mi paciencia se ha terminado y salgo adelante
sobreviviendo? Sin paciencia no se puede ser magnánimo, no se puede
seguir al Señor: Nos cansamos. Lo seguimos hasta un punto determinado y a
la primera o segunda prueba, adiós. Elijo el "ars bene moriendi";
mi vida consagrada ha llegado aquí, cierro mi corazón y sobrevivo.
¿Está en estado de gracia?, Sí, por supuesto. "Padre, ¿no iré al
infierno?" .No, tal vez no irás. ¿Pero tu vida? ¿Has dejado la
posibilidad de ser padre y madre de familia, de tener la alegría de los
hijos, de los nietos, todo esto, para terminar así? Este "ars bene moriendi",
es la eutanasia espiritual de un corazón consagrado que no aguanta más,
que no tiene el coraje de seguir al Señor. Y no llama...
He tomado como punto de partida para hablar de esto la escasez de
vocaciones: Esto amarga el alma. "No tengo descendencia", era el lamento
de nuestro padre Abraham: "Señor, mis riquezas serán heredadas por un
extranjero". El Señor le dijo: "Ten paciencia. Tendrás un hijo "-" ¿Pero
a los 90? ". Y la esposa detrás de la ventana que era como,-
perdonadme-, como las mujeres: espiaba por la ventana; pero ésta es una
cualidad de las mujeres; está bien, no está mal;- sonreía, porque
pensaba: "¿Pero yo, a los 90? Y mi esposo, casi 100, ¿tendremos un hijo?
". "Paciencia", había dicho el Señor. Esperanza. Adelante, adelante,
adelante.
Prestad atención a estas tres "p": plegaria, pobreza y paciencia.
Prestad atención. Y creo que al Señor le gustarán las decisiones - me
permito la palabra que no me gusta- las decisiones radicales en este sentido. Ya sean personales, ya sean comunitarias. Pero apostad por ello.
Os agradezco la paciencia que habéis tenido para escuchar este sermón
[risas, aplausos]. Gracias .Y os deseo fecundidad. Nunca se sabe por
cual camino pasa mi fertilidad, pero si rezas, si eres pobre, si eres
paciente, seguro que serás fecundo. ¿Cómo? El Señor te lo mostrará "en
el otro lado"; pero es la receta para ser fecundo. Serás padre, serás
madre: la fecundidad. Es mi deseo para la vida religiosa: que sea
fecunda.
¡Gracias! Seguid estudiando, trabajando, haciendo buenas propuestas,
pero que siempre sean con la mirada que Jesús quiere. Y cuando penséis
en la primera "p, pensad en mí y rezad por mí. ¡Gracias!
Ahora recemos a Nuestra Señora: "Ave María,..."
[Bendición]
¡Que tengáis un buen día!
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