Bogotá, COLOMBIA (Agencia Fides, 02/07/2019) - “La economía al servicio de la dignidad humana y
el bien común” es el tema de reflexión de la Asamblea Plenaria de la
Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) que comenzó ayer, 1 de julio.
Durante la reunión, los 85 obispos profundizarán en las tendencias
actuales de la realidad socioeconómica colombiana a la luz del Evangelio
y de la Doctrina Social de la Iglesia para proponer líneas de acción
pastoral que promuevan el desarrollo integral y solidario.
Como parte del centenario de la coronación de la Virgen del Rosario de
Chiquinquirá, los obispos concluirán la asamblea peregrinando el sábado 6
de julio a la Basílica de la ciudad mariana, donde celebrarán la
Eucaristía por la paz y la reconciliación en el país.
El presidente de la CEC, monseñor Óscar Urbina Ortega, arzobispo de
Villavicencio, al inaugurar la conferencia, recordó que “la dignidad de
la persona, creada a imagen de Dios, es un misterio. Pero también es una
conquista que es la base de la construcción de toda sociedad que coloca
a las personas en el centro de las transformaciones sociales”. Afirmó
que los problemas sociales y económicos deberían abordarse, en la
reflexión y en el anuncio de la Iglesia, para despertar la conciencia de
sus líderes, para recuperar el sentido de humanidad y justicia.
“Los derechos humanos no son meras concesiones sociales sino los
elementos básicos de la dignidad humana y el poder político y la
sociedad están llamados a protegerlos”. Refiriéndose a la cuestión del
bien común, señaló la necesidad de una ética responsable en la gestión
de la economía, “que debe pasar por la responsabilidad en el consumo, el
cuidado de la casa común y la protección de los más vulnerables”. Otro
aspecto social importante es la posesión de la tierra, concentrada en
manos de unos pocos. Por ello, monseñor Ortega advirtió de que las
medidas que acompañan a la reforma agraria no pueden reducirse solo a la
distribución de la tierra, sino que deben contribuir al desarrollo
integral de los pueblos.
“El desarrollo humano y el bienestar social, - destacó-, necesitan amor a
la verdad en una sociedad que atraviesa tiempos difíciles: la crisis
financiera, sus consecuencias sociales, psicológicas, políticas y
antropológicas, la globalización con la reducción del nivel de la
protección social, el eclecticismo cultural, la ambigüedad de la ciencia
con consecuencias cuestionables en el dominio de la vida y la falta de
reflexión sobre el propósito de la economía”.
El presidente de la CEC recordó que, ante esta realidad compleja, los
obispos durante la Asamblea deberán escuchar, discernir y delinear
líneas de acción para la misión evangelizadora de la Iglesia que
acompaña la vida de las comunidades. “Sabemos que no hay fórmulas
mágicas porque la historia se construye paso a paso, con el tiempo y no
en el espacio, pero podemos ayudar a poner la economía al servicio de
toda nuestra gente y no solo de unos pocos, para luchar contra la
exclusión, la corrupción y la desigualdad, donde el dinero domina a
expensas de las personas”.